La Universidad Nacional de los Comechingones llevó adelante una jornada de extensión en homenaje a Jorge Mario Bergoglio, con eje en el cuidado de la Casa Común. Autoridades, docentes e investigadores destacaron la vigencia de su pensamiento y el rol de la educación superior frente a la crisis socioambiental.
En el marco del primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco, la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC), a través de la Secretaría de Extensión, desarrolló una jornada de reflexión y trabajo colectivo orientada a fortalecer una mirada académica, profesional y científica frente a los desafíos socioambientales actuales.
La actividad, titulada “El legado de Francisco: cuidado de la Casa Común”, se realizó el lunes 20 de abril en el Aula Magna y se inscribió en el Programa de Extensión en Formación y Asistencia Técnica Territorial en Educación Social Ambiental. La propuesta convocó a la comunidad universitaria a participar de un espacio de intercambio sobre el rol de la educación en la construcción de una sociedad más justa y sostenible.
La jornada fue coordinada por la profesora Laura Albornoz Britos y contó con la participación de docentes, quienes compartieron experiencias y aportes desde sus prácticas territoriales.
Durante la apertura, la rectora de la UNLC y presidenta de la Red de Universidades para el Cuidado de la Casa Común (RUC) destacó el sentido del encuentro como “un homenaje agradecido, pero también esperanzador”. En ese marco, recordó al Papa como “uno de los grandes líderes de nuestro tiempo” y expresó el deseo de que “sus palabras sigan guiando”.
La rectora evocó además el encuentro que mantuvo con Francisco en el Vaticano, donde le obsequió un libro de poesías de Antonio Esteban Agüero, experiencia que —según señaló— la marcó profundamente. En ese sentido, subrayó el llamado del pontífice a repensar el modelo de desarrollo y a fortalecer el papel de las universidades arraigadas en el territorio.
Al referirse a la encíclica Laudato Si (2015), remarcó su carácter abierto y convocante: “Quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta”, citó del propio Francisco, y sostuvo que esa invitación global permitió que universidades laicas se sintieran interpeladas a formar parte del debate. También enfatizó la mirada integral del Papa sobre la crisis actual, entendida como un fenómeno social, cultural, económico y político, y no meramente ambiental.
En esa línea, planteó que la transformación necesaria “solo puede emprenderse a través de un camino educativo”, y destacó el rol de la universidad como espacio de diálogo, encuentro y construcción de conocimiento comprometido con la acción. “No se trata solo de producir conocimiento, sino de poner la ciencia en acción”, sintetizó, retomando la idea de formar líderes capaces de “pensar, sentir y hacer”.
Por su parte, el docente Guillermo Más, integrante de la Diplomatura en Educación Socioambiental, subrayó que la encíclica de Francisco integró aportes de múltiples especialistas y propuso una mirada crítica sobre la interconexión entre la crisis global y la crisis social. En ese sentido, citó al pontífice: “El ritmo del consumo, de desperdicio y alteración del medio ambiente han superado las posibilidades del planeta”.
Además, destacó el trabajo sostenido de la UNLC en el marco de la RUC y la creciente participación estudiantil en proyectos vinculados al cuidado de la Casa Común. Recordó especialmente la participación de estudiantes en el congreso interuniversitario realizado en Rosario en 2024 y anticipó nuevas instancias de formación y encuentro, como el congreso de Laudato Si previsto para este año.
Otro de los momentos reflexivos de la jornada estuvo a cargo del docente e investigador Alberto Molina, quien invitó a repensar el lugar de este tipo de homenajes en el ámbito universitario. “¿Por qué consideramos válido hacer un homenaje a un líder religioso? ¿Qué pasa con la laicidad en las universidades públicas?”, planteó, para luego afirmar que la clave radica en “el diálogo de saberes”.
Molina sostuvo que las universidades están atravesando un cambio de paradigma: “Estamos rompiendo el paradigma modernista de la educación, un paradigma cerrado y cientificista, para pasar a una ecología de saberes”. En ese sentido, remarcó que “la educación pública debe dialogar con todos los tipos de conocimientos válidos”.
Al analizar el legado de Francisco, lo definió como “poliédrico” y destacó su aporte en torno a la paz, la cultura del encuentro y la dignidad del trabajo. También profundizó en el concepto de “crisis civilizatoria”, al afirmar que “no es una crisis económica más, sino una crisis de nuestra concepción del mundo y de nuestra forma de habitar el planeta”.
En relación a la problemática ambiental, enfatizó que “no son crisis separadas, sino una misma crisis socioambiental” y que el cambio climático tiene “raíces antropogénicas”. Asimismo, advirtió sobre el avance del paradigma tecnocrático, que —según explicó— “impone pautas de consumo y nos va quitando utopías creadoras, transformándonos de ciudadanos en siervos”.
El investigador también hizo referencia al concepto de “policrisis”, señalando que “no se trata de crisis aisladas, sino de una conjugación que genera una experiencia mayor”. En ese contexto, retomó uno de los ejes centrales del pensamiento de Francisco: la crítica a la cultura del descarte. “No solo se descartan cosas, también se descartan personas”, afirmó.
Finalmente, subrayó la dimensión ética del planteo del Papa, al advertir que “existe una deuda social que requiere garantizar derechos básicos: tierra, techo, trabajo y tecnología”, y concluyó que “Francisco no se queda en el diagnóstico: propone la ecología integral”.
La jornada dejó como saldo un espacio de reflexión profunda y colectiva, en el que la comunidad universitaria reafirmó su compromiso con la construcción de conocimiento crítico y situado, en diálogo con los desafíos del presente y las enseñanzas de uno de los líderes más influyentes de las últimas décadas.












